Y allí se encontraba ella. Postrada en la cama, mirando las hojas sin percibir nada.
Su sistema de recepción visual se concentraba en aquellas líneas azules, negras y grises que formaban las letras, pero el cerebro, obviando el natural proceso perceptivo, jugueteaba con la imaginación. La concentración, sufriendo un repentino ataque de celos, marchó lejos dejando a su dueña en un abismo de desánimo y turbación.
El desasosiego ocupó el lugar de la concentración mientras cerebro e imaginación persistían en su coqueteo, un flirteo que le costaría caro.
Y allí continuó ella. Postrada en la cama, mirando las hojas sin percibir nada.
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