sábado, 19 de mayo de 2012

Sé feliz para que yo también pueda serlo


Hay que ver con qué facilidad se mina la esperanza, la ilusión de un mundo mejor, un mundo perfecto, un lugar idílico y utópico lleno de perspectivas optimistas.

Vivimos en un mundo sombrío, de esperanzas vanas, ilusorias, irreales. Deseamos con todas nuestras fuerzas alcanzar un objetivo, luchamos y, en ocasiones, lo conseguimos. Sentimos entonces una inmensa alegría por haber superado nuestras limitaciones, por haber alcanzado lo inalcanzable, por no haber sucumbido a la desesperación y al desánimo que nos acechaba. Pero esta emoción dura un breve instante, pues es una felicidad solitaria. Un gozo que tan solo disfrutas tú y, con suerte, algún alma filántropa que todavía resista.

Tu alrededor no comparte la misma sensación. Para el resto tan solo eres la prueba de que ellos no lo han conseguido. Eres el testimonio de su fracaso.

Te sientes herido, defraudado, ya no queda nada de aquella alegría que con tanta viveza habías esperado. Por ello, cuando las tornas cambien, cuando sean ellos los triunfadores, en ese momento serás tú su piedra en el camino de la gloria. Serás quien se interponga entre el esfuerzo y el resultado satisfactorio. Ojo por ojo.

Y ese tira y afloja continuará hasta el fin de los días, a menos que cambiemos. En nuestra mano está evolucionar. Canjear pesimismo por optimismo, un ceño fruncido por una sonrisa motivadora, una zancadilla por un apretón de manos, una frase agorera por otra alentadora. Porque, aunque no queramos admitirlo, nos necesitamos. Necesitamos el apoyo de la sociedad. De vez en cuando nos urge una ayuda desinteresada que nos auxilie cuando cruzamos uno de tantos socavones en nuestro camino. Necesitamos que nos echen una mano, pero no al cuello.

Hagamos el esfuerzo. Sé feliz para que yo también pueda serlo.

lunes, 14 de mayo de 2012

Ver la luz al final del túnel


A mí, la frase “ver la luz al final del túnel” me cabrea. Me cabrea mucho, porque es mentira. No existe. Es una utopía. Mentiras. Falacias. Una trola como un piano. Antes me creo que Los Serrano fue un sueño de Resines.

Pero volvamos a esa luz al final del túnel. Para ello, situémonos. Tú te encuentras sumido en la más profunda oscuridad. Las paredes curvadas de esa lúgubre cueva, en la que te has metido no sabes bien cómo, tienden a encogerse más y más. Llevas así días, meses, años. Ni se sabe. Has perdido la noción del tiempo.

Entonces, lo inesperado. Vislumbras una tenue luz al final del túnel. Te acercas a ella alegre y jocoso. Es la primera vez que la ves y te parece tan bonita… Llegas a ella y, de repente, empieza a titilar. Te asustas. Por momentos, la oscuridad gana terreno hasta que, efectivamente, vence. Y te encuentras en el mismo punto de antes. El mismo túnel, ahora sin luz.

La situación se repite una y otra vez a lo largo del tiempo. Atisbas la luz a lo lejos y cuando llegas, mengua. Una y otra vez. Solo que cada vez que ocurre, algo en ti cambia. Ya no eres el chico vital y enérgico que se enfrentó a su primer pasillo subterráneo. Las esperanzas y sus posteriores desilusiones te han mellado el espíritu.

Y es entonces cuando te percatas: no hay luz al final porque no existe un final. La vida es siempre el mismo túnel, solo que algunos tienen ciertos problemas eléctricos. Para ellos solo queda la resignación. O comprarse una linterna.