lunes, 4 de junio de 2012

Palabras que atrapan


En esta vertiginosa época tecnológica llena de televisores FULL HD, salas de cine en 3D, iPhones, tablets y demás aparatos dificilísimos de manejar cuyos nombres desconozco, cosa que además me resbala bastante, todavía resiste, no sin esfuerzo, uno de los mejores inventos jamás creados: el libro.

Por más que lo intento, no consigo encontrar una sola pega por la que oponerme a esta maravilla. Quizá la causa de ello sea que todavía sigo bajo los efectos vigorizantes de una lectura emocionante e irresistible. Y ya era hora, pues después de meses y meses leyendo nada más que textos académicos, semióticos y psicoanalíticos, a penas recordaba el gusto que da leer solo por puro placer.

Este efectivo tónico, que a simple vista tan solo aparenta ser un compuesto de palabras inocentes formando frases inofensivas que parecen alinearse de forma desintencionada, tiene el poder de adentrarte en un universo de ficción y hacerte partícipe de cuanto acontece.

Los primeros capítulos son una especie de trámite, una introducción donde te presentan la historia, los personajes y la ilusión de un posible nudo, desafiándote a continuar leyendo. Si aceptas el reto, si continúas leyendo, ya estás perdido. Al cabo de unas páginas, estás tan metido en la historia que sientes que en verdad está ocurriendo.

A tu alrededor todo desaparece, tan solo estás tú y el universo fantástico que tu mente crea mientras lees. Sientes pena cuando el protagonista se entristece, sonríes con las agudas bromas que intercala el escritor, saltas de emoción en los puntos más palpitantes de la historia y, cuando llegas al punto álgido, te mantienes quieto, inmóvil, como si cualquier movimiento pudiese desencadenar la catástrofe.

Cuando terminas el libro, un sentimiento contradictorio te invade. Te aflige el saber que todo ha terminado, que aquel universo mágico ha vuelto a desaparecer y no volverá, al menos hasta que otro libro caiga en tus manos. Quizá te reproches haberlo leído con demasiada rapidez, pero el afán por conocer, por experimentar y por emocionarte ha sido irrefrenable. Además, una enorme satisfacción, un regocijo interno, se abre paso a través de la marabunta de emociones que te asaltan y recreas mentalmente la historia que acabas de leer, que acabas de vivir, recordando las palabras que te han mantenido atrapado durante el tiempo que ha durado la lectura, ya sea un mes, una semana o incluso un día. Y, todavía con una sonrisa en los labios, cierras el libro sabiendo que, sea el tiempo que sea, ha valido la pena.