jueves, 26 de mayo de 2011

No hay árbol que el viento no haya sacudido

El estudiante medio en general ha de enfrentarse a duras pruebas a lo largo de su carrera estudiantil, pruebas que le forjarán como verdadero experto en el arte del mentalismo y la psicología de profesores.

Para superar heroicamente dichas pruebas, el estudiante ha de sufrir 5 temidas fases anímicas: la sorpresa, la negación, la ira, la desesperanza y, finalmente, la superación. Pasemos a explicarlas poniendo un sencillo y muy común ejemplo: un joven, tras estudiarse hasta las comas de los apuntes, suspende un examen final.

LAS 5 FASES DEL ESTUDIANTE AL RECIBIR UNA FUNESTA A LA PAR QUE INJUSTA NOTICIA

Este hipotético joven se encuentra sentado en su silla giratoria (de estas que no paran de joder al vecino de abajo) delante del ordenador. Ante él, un mensaje de la UV (u otra universidad/instituto en su defecto) que le avisa de que las notas se encuentran ya disponibles. Nuestro protagonista, colmado de felicidad, pues sabe que ese preciso examen lo bordó, entra raudo y veloz en la página para descubrir su preciada nota. Cuál es su sorpresa cuando, tras buscar su nombre entre el gentío, la pantalla le revela que su nota, aquella nota que con tanto entusiasmo esperaba, era más bajita que Pablo Motos de puntillas.

La expresión facial del joven cambia repentinamente. Sus ojos se abren desmesuradamente, se elevan sus cejas, su mandíbula desciende y se produce una abertura maxilar. Es lo que se conoce como la primera fase: LA SORPRESA. Otras expresiones corporales de dicho estado son: arqueamiento de las rodillas, leve inclinación del cuerpo hacia delante y, además, puede haber una expresión vocal en tono alto que varía entre “¿qué?” y “¿cómo?”.

Después del shock inicial, llega la segunda fase: LA NEGACIÓN. Esta fase se caracteriza más por expresiones auditivas que por expresiones corporales. El único movimiento que puede caracterizar dicha fase es una ligera y continua oscilación de la cabeza de un lado a otro, mientras se pronuncian frases como: “es imposible”, “no puede ser”, “tiene que ser un error”.

Esta última expresión suele dar paso a la siguiente fase: LA IRA. En la locución “tiene que ser un error” de la fase de la negación observamos cómo el estudiante, todavía en sus cabales, acusa de su desesperación a un comprensible error informático o humano. En cambio, en la tercera fase, el joven acusa directamente a su profesor o, en muchos otros casos, a la madre de éste. Violentos improperios salen de la boca del estudiante en cuestión, imaginándose a su mentor en situaciones macabras y bien merecidas. Como ya hemos dicho, la madre del culpable maestro tiene cabida en la mente del joven, el cual no para de nombrarla al tiempo que sus manos se cierran formando puños que alza al aire en señal de furia.

Esta tercera fase es la más dura para el estudiante. Ha de mantenerse firme y cabal para que las consecuencias de sus actos no repercutan de manera más trágica en la ya de por sí funesta situación.

Con resistencia y algo de suerte, el estudiante supera esta fase para meterse de lleno en otra peor: LA DESESPERANZA. El catalizador de esta reacción puede no tener nada que ver con el ámbito académico, una pequeña discusión con un familiar o amigo o simplemente la caída de algún objeto desde las manos al suelo puede iniciar un llanto desesperado. El estudiante se encuentra sumido en un estado de desmoralización, todo cuanto hace sale mal. Todos sus esfuerzos han sido en vano. El abatimiento se posa en su interior volviéndolo todo de color oscuro, haciendo que se replantee sus objetivos, su carrera y, en general, su existencia.

Poco a poco, las lágrimas que surgen de sus ojos purifican su alma y su carácter y el joven escapa de ese estado apenado que le había arrollado momentos antes. Con arresto, nuestro protagonista se adentra en la quinta y última fase: LA SUPERACIÓN. El Sol brilla, los pájaros cantan y sopla una brisa fresca. A la mente de nuestro estudiante acuden frases célebres del estilo: “Si la vida te da la espalda, ¡tócale el culo!” que le hacen sonreír. Tienen razón, piensa el joven, no hay árbol que el viento no haya sacudido.

Y con este pensamiento positivo, el estudiante supera las cinco fases que acompañan a las terribles noticias académicas. Hasta la próxima.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Poesía rapeada

Como soy una gran y creativa escritora, he decidido adentrarme en otros ámbitos de la literatura. Por ello, me he atrevido con la poesía-rap.

He aquí la primera (y algunos desearéis que la última) poesía rapeada (obviamente, la vais a tener que leer sin rapear... echadle un poquito de imaginación):

Perdida a la deriva

una joven sin vocación ni confianza

busca el desvío

del camino de la esperanza.

Sin luces, ni señales

sin nada que le marque

cuáles deben de ser sus pasos

para que todo lo bueno le pase.

Un día acaba

y otro le sigue.

La vida no espera

y ella sigue sin decidirse.

¿Qué será de ella?

Si nada le alegra

Vive en su mundo yupi

pero sabe que tiene la negra.

Este rap aquí termina

No así la historia de esta chica

Una chica que perdida en la deriva

vive día a día anhelando alguna alegría.


P.D.: Intentad que la burla no fuerze vuestros rostros, la he hecho con mucha ilusión, aunque la letra no lo exprese.

domingo, 8 de mayo de 2011

Ilusionismo etéreo

Das todo lo que puedes de ti. Para algunos parece que no es mucho, pero tú no sabes qué otra cosa hacer. Intentas agradar y agradarte. Ser una buena persona. No te cuelas en las colas, te quedas de pie en el autobús, te responsabilizas de tus actos y de los actos de los demás, sonríes con timidez. Y esperas una recompensa que nunca llega.

Quizás no sea el momento, piensas. Pero ya son veinte años esperando. Y la paciencia tiene fronteras. Si no es ahora, ¿cuándo? ¿Por qué ellos sí y tú no?

Será que sufres alguna extraña enfermedad psíquica y todo aquello que ves no es real. Que lo que dices y lo que haces es tan solo producto de tu imaginación. Ilusionismo etéreo.

martes, 3 de mayo de 2011

Adán y Gumersinda

Hoy me gustaría hablaros de los orígenes de la mejor amiga de una mujer: su menstruación.

Los hombres no entienden el estrecho vínculo que nos une a ella, pero es ella la que controla nuestras vidas. Sobre ella gira nuestro día a día. Ella puede hacer que pasemos de ser la mujer más dichosa a la más desgraciada en cuestión de segundos (¡vivan los cambios de humor!).

Un ejemplo claro para que la entendáis, amigos varones: Su volubilidad provoca que un mes la consideremos como si de una maldita factura más se tratara (risa me dan a mí aquellos que se quejan de Telefónica) y al mes siguiente (un mes sexualmente productivo), sea considerada la quiniela acertada, o como si jugando al parchís sacaras dos seises, un cinco, te comieras a tu rival, contaras veinte, volvieras a comerte otra, contaras otros veinte y la metieras en casa. La alegría padre, vamos.

Cierto es que son más disgustos que alegrías los que conlleva, pero yo no pierdo la esperanza y sigo ávidamente jugando al parchís.

Pero, ¿por qué debemos sufrir semejante tormento?

Muchos historiadores, forenses y jugadores de mus en bares locales han meditado sobre ello sin llegar a una conclusión común. Hombres.

Yo os narraré la verdadera historia del surgimiento de esta expulsión periódica por vía vaginal de sangre y material celular procedente de la matriz:

Hace ya algunos milenios, coincidiendo casualmente con la creación del mundo, aparecieron de la nada dos jóvenes macacos (no confundir con Macaco, célebre cantautor): él se llamaba Adán y ella, Gumersinda. Adán y Gumersinda vivían felices con su padre el Primate, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, etc.

Gumersinda era una bonita simia, peludita (muy darwiniana ella) y coqueta.

Adán se pirraba por sus cuatro extremidades, su pulgar oponible, su cerebro lobulado de gran desarrollo, su dentadura completa, sus ojos en posición anterior, sus mamas en situación pectoral y su cuerpo cubierto de pelo (Nota al pie: gracias wikipedia).

Padre Primate les prohibió terminantemente que copularan, pues sería tachado de incesto y eso, en una comunidad mical (ingenioso adjetivo proveniente de ‘mico’), sí que no.

Además, existía otro ínfimo personaje en esta historia: Paquita. Paquita era la tía abuela de Adán y Gumersinda. Era una anciana severa, inflexible que llevaba a Gumersinda por la calle de la amargura, porque por Blasco Ibañez se daba más vuelta. Paquita estaba totalmente en contra del amor, de la pasión y de cualquier otro sentimiento que afectara al cuerpo. Paquita se presentaba de improviso en casa, así pues, Adán y Gumersinda lo tenían bastante chungo.

A pesar de todo, la lujuria se apoderó de sus cuerpos vellosos y Adán y Gumersinda copularon como conejos, digo, como macacos. Cuando Padre Primate se enteró, montó en cólera y se fue galopando hasta casa, ató a Cólera en el poste y, escuchando los maullidos de sus descendientes, entró como alma que lleva el diablo (quien, por cierto, era tío de ambos, por parte de madre, claro).

Ante semejante estampa (perdonad la falta de detalles, pero acabo de comer), PP, como le llamaban cariñosamente sus vástagos, desterró a sus dos primogénitos a vivir en pecado, lejos de casa. Pero Adán, que era muy listo, sacó tajada y él y Gumersinda se pillaron un piso en la capital y desfasaron día sí, día también [Inciso: de aquí proviene la tradición universitaria del jueves noche: en honor a Adán y Gumersinda los universitarios festejan su amor dándolo todo y más].

Pero PP se enteró y haciendo gala (como Antonio) de su truculenta intransigencia, despojó a Adán de toda su inteligencia y condenó a Gumersinda a sufrir las inclemencias de su tía Paquita, quien a partir de entonces, la visitaría todos los meses.

Y así, PP se convirtió en PSOE (Padre Sin Obligaciones Emocionales).

Esta historia ha circulado de padres a hijos, de país en país, de facebook en facebook, hasta nuestros días, cambiando así nombres, fechas y acontecimientos.