En las relaciones personales siempre se ha hablado de la
lucha entre la cabeza y el corazón. Unos te aconsejan que pienses con la
cabeza, otros que sigas los dictados de tu corazón; pero nadie habla de lo que
de verdad maneja el cotarro aquí: las hormonas.
Dicen que las hormonas despiertan en primavera, quizás el
polen primaveral estimule su despertar, pero es más bien una ciencia incierta.
Se levantarán en primavera pero las hay que no se acuestan hasta pasado el
invierno.
Pongamos una relación típica: chico conoce a chica, chica
conoce a chico, chico espolvorea polen en chica, hormonas que se ponen manos a
la obra. La cabeza pensará que no es
para nada su tipo, el corazón suspirará con un “es tan increíble”; y en mitad
de esta lucha, las hormonas se irán de fiesta haciendo caso omiso. Y serán
ellas las que decidan, no lo dudes, ningún otro órgano o sentimiento pinta lo
más mínimo aquí.
La elección no será lógica ni sentimental, es pura química,
o física, o lengua, o matemáticas, quién sabe. Pero lo que pase luego, eso sí que depende
solo de ti.