jueves, 3 de noviembre de 2011

Mi mejor amigo

Tengo un nuevo mejor amigo. Bueno, en realidad no es nuevo. Lleva conmigo mucho tiempo ya, pero hasta hace un par de años no había valorado su presencia.

Es un chico muy majo, muy buen chico, aunque algo callado, nada hablador. Pero da igual, yo tampoco lo soy. Nos entendemos entre silencios.

Mi amigo es de la capital, muy cosmopolita, pero no al estilo “Sexo en Nueva York”. Quedo con él prácticamente todos los días de lunes a viernes, a veces también fines de semana, pero son los menos. Sobretodo lo veo a la hora de comer, porque él tiene mucho tiempo libre a esas horas. Nos sentamos en algún banco a comernos nuestro bocadillo. A veces le ofrezco de mi tupper, pero nunca quiere. Mientras comemos, solemos ver a nuestro alrededor grupos de amigos, parejas y gente solitaria. A mí estos últimos me dan mucha pena. Comer solo es muy triste. Yo, por suerte, tengo a mi mejor amigo.

Mi mejor amigo no tiene ningún nombre. Todavía no lo he bautizado. No soy creyente. Pienso que lo importante está en el significante, no en el significado, y mi amigo es mi amigo se llame como se llame. Una rosa seguirá oliendo como tal, ya se llame rosa o clavel. Un saludo, Saussure.

Mi amigo tiene un problema: es invisible. Pero a mi no me importa. Yo no soy racista. Lo quiero igual.