viernes, 30 de marzo de 2012

Las comparaciones son odiosas

A veces emprendemos planes que no ansiamos seguir, gritamos palabras que no queríamos decir, nos conmueven emociones que no deberíamos sentir. Y nos culpamos, y sufrimos. Somos estúpidos. Seres incontrolables, ilógicos. Locos irracionales.

En este estado de paranoia máxima, tendemos a mirar a nuestro alrededor y a cometer el peor error posible: comparar. Con nuestro estado de ánimo allá por el subsuelo, parece que el resto del mundo vive de maravilla. Sus vidas son perfectas, idílicas, insuperables. Mientras, la nuestra se ahoga en un vaso medio vacío. Ya lo dice el título, las comparaciones son odiosas.

Pero, como seres estúpidos que somos, nos equivocamos. Ni ellos son tan espléndidos, ni nosotros tan anodinos. Estamos cortados por el mismo patrón. Somos iguales. Tan solo hemos de esperar. La vida es un continuo parque de atracciones, un Disneyland París para los más afortunados, un Terra Mítica para otros. Pero un parque de atracciones al fin y al cabo, cuya atracción capital es la montaña rusa. De arriba abajo, de abajo a arriba. Como un actor porno.

La clave está en disfrutar al máximo aquellos instantes en lo alto para que su recuerdo nos deje un buen sabor de boca mientras aguardamos esperanzados a volvernos a elevar.

Así pues, goza, deléitate con tus alegrías, regocíjate en ellas. Y luego, tan solo espera.