Porque cuando dice ven, tú lo
dejas todo. Porque resultas un fracaso, un fraude continuo. Porque el mañana no puede ser mejor. Porque
el cambio no va contigo. Porque no sabes decir que no, ni tampoco que sí.
Porque cuando la mañana clarea, tu mente oscurece. Porque la noche tampoco
ayuda nada. Porque sabes que bajas en picado y tu cuerpo no reacciona. Porque
ya no hay solución. Porque innumerables esfuerzos no han valido la pena. Porque
te sirves de clichés para todo. Porque piensas que no mereces nada, aunque lo ansíes
todo. Porque la miseria te corroe. Porque nada se muestra apetecible. Porque ya
nada te seduce. Porque… Porque… Porque…
Porque la gracia está en
que estas frases pueden ser inconsolables y abrumadoras afirmaciones o llegar a
convertirse en preguntas subsanables. Todo depende de una leve variación del tono
al final de cada oración.