lunes, 27 de junio de 2011

Carta a un cerebro huido

Querido amigo, compañero, luz de mi existencia:

Sé que quizás es demasiado tarde. Puede que hayas caído ya en esta tremenda espiral veraniega y perezosa que poco a poco va atrapando en su telaraña apática a todo ser viviente que se le cruza por delante. Si es así, por favor, te pido un último deseo: ¡lucha! Sé fuerte aunque solo sea durante un día.

El día de mañana es muy importante. Necesito que saques todo tu potencial, porque sé que lo tienes. Debes de tenerlo. He de aferrarme a la idea de que años y años de estudiar lo mismo han debido de servir para algo.

Por ello te suplico, aprueba, hazme feliz. Porque la felicidad de ese corto momento puede prologarse a través de los días y crear una dicha completa, para que mi gozo no caiga en un pozo. Si eso ocurre, amigo intelecto, te prometo que dejaré de requerir tus servicios durante todo el verano. Te dejaré descansar y le daré la tabarra a otros órganos vitales que componen mi cuerpo.

Tengo todas mis esperanzas puestas en ti. No me falles.

I look forward to hearing from you.

miércoles, 22 de junio de 2011

Error 404 - Not found

Vivimos en la época de las nuevas tecnologías. Esto es una obviedad, no hacía falta gastar caracteres para decirlo, pensaréis. Vale sí, pero dejadme continuar e iré al quid de la cuestión. La tecnología ha mejorado nuestras vidas, avances médicos, por ejemplo, han sido posibles gracias a esta inyección de sabiduría tecnológica. Pero, yo pregunto ¿y qué ocurre con aquellos negados a esta nueva era electrónica? Pues que nos desmoralizamos.

Desde hace unos días, o al menos hace unos días que me doy cuenta, la malvada tecnología se burla de mí y pretende ningunearme de manera escandalosa. Ayer mismo, un hecho tan sencillo como preguntar a una amable dependienta de cierta compañía telefónica cuánto cuesta una llamada desde el extranjero se volvió una ardua tarea de comprensión cuando la joven sabelotodo en cuestión no paraba de repetir que debía activar el “rumi” de mi teléfono móvil. Cabe señalar que, tras poner cara pánfila y sin que la dependienta se percatara de ello (o quizás sí, pero quería despacharme pronto para continuar comadreando con su compañera), mi orgullo entró en juego y, presto, convirtió mi cara en inexpresiva y ayudó a mis cuerdas vocales a articular un agradable “muchas gracias, adiós” y huir de aquella tienda en la que había entrado con una duda y salido con dos.

Pero mis desventuras tecnológicas no acaban ahí. La telefonía es uno de mis puntos débiles, pero no el peor. La palma se la lleva mi amiga la informática. Hoy por hoy, no podemos vivir sin ordenadores. Y esto, para quienes no hemos nacido con un manual en PDF bajo el brazo, es un verdadero suplicio. Porque a mí me quitas del Word, del Paint y, desgraciadamente, del tuenti/twitter/redessocialesengeneral, y voy más perdida que McGyver en un desguace.

Esta tarde, intentando vislumbrar cómo c*** (conducto musculoso que conecta la matriz de las hembras de los mamíferos con el exterior y que interviene en la cópula) descargar libros electrónicos en el eBook de uno de mis progenitores, los astros virtuales han vuelto a mofarse de mi ignorancia, pues la página web no hacía más que lanzar mensajes incoherentes sobre mi versión Adoble Flash, mi firmware y otros cultismos incomprensibles en idiomas extranjeros (cosa que, tras mi reciente suspenso en inglés, no ha ayudado precisamente a mejorar mi opinión sobre dicha materia).

Y entonces mi siempre cordial y cariñosa madre comenta como quien no quiere la cosa: “¿Cómo que no sabes hacerlo? Si tú eres joven…”. Zas! En toda la boca. Éramos pocos y parió la abuela. Miles son las expresiones del diccionario español que caracterizan a la perfección este momento. No solo el mundo virtual se regocija en mi pesar, sino que mi orgullo se ve dañado por partida doble en el mundo real pues 1) no poseo conocimientos técnicos para desenvolverme y 2) soy joven. La ancianidad tiene excusa, pero los jóvenes no.

Pero me niego a aceptarlo. No somos unos inútiles, como quieren hacernos creer estos brujos informáticos, tan solo somos sabios nacidos en una época que no nos tocaba vivir. Porque yo en el siglo XIX, la hubiera petao.

viernes, 17 de junio de 2011

Sueños de la primera noche de verano

Y ella sonrió por motivos intrascendentes. Se sentía ufana y radiante, pasando una divertida noche con sus amigos. La noche era cálida y agradable, el buen ambiente era contagioso. Entonces, con todavía rastros de sonrisa en su rostro, ella desvió su mirada y lo vio. Él, rodeado de algunos colegas, también sonreía. Sus sonrisas se encontraron y se ensancharon aún más.

Minutos después, sus grupos se hicieron uno y, como si una fuerza implacable les empujara, se encontraron uno al lado del otro. Se miraron, sonrieron y empezaron a hablar. Las palabras salían de sus bocas con rauda fluidez, hablaron de esto, de aquello y de lo de más allá, como si fueran amigos desde que sus memorias lo permitieran. Lentamente, conforme transcurría la conversación, el espacio que los separaba era menor, hasta que prácticamente sus cuerpos se tocaban.

Ella era todo felicidad. No quería que la noche acabara. Su único deseo: permanecer así para siempre. Pero todo tiene un precio y, entonces, despertó.


¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca

martes, 14 de junio de 2011

Strawberry fields forever

Las personas tendemos a regodearnos en nuestras propias desgracias. Ni siquiera son desgracias hasta que nosotros nos obcecamos en que así sean. Nos agobiamos por lo más ínfimo y la luz se torna oscuridad por hechos nimios. Y parece que nos guste. Nunca he entendido ese placer masoquista que nos caracteriza como seres humanos e imperfectos que somos, pero es así, la tristeza atrae. O al menos a mí me atrae. Porque es más fácil ir llorando por las esquinas o ser un muerto en vida que aceptar los hechos tal y como son, asumirlos y buscar soluciones.

Por eso, ahora grito ¡Basta ya! Basta ya de tanta tontería, olvida esa desmoralización que te sobrecoge cuando oyes una mala noticia. Si suspendes un examen, si no consigues el trabajo, ¡no importa! Será que hoy no es tu día o simplemente que ese no es tu camino. No tienes más que olvidar, sonreír y seguir adelante, pues show must go on, no confíes en que el mundo te vaya a esperar.

Así que, si recibes un duro golpe y sientes que la inutilidad se posa sobre ti como pájaro carroñero sediento de sangre, sé paciente y espera tu oportunidad. Mientras tanto, siempre habrá trabajo en los campos de fresas. Strawberry fields forever.

domingo, 12 de junio de 2011

Se busca

Se busca amigo que no estudie, alguien que me entretenga.

Se busca persona que haga sonar mi móvil, aunque solo sea Moviestar.

Se busca acompañante para ir a la playa, a fotografiar, o lo que surja.

Se buscan ganas de estudiar.

Se buscan conocimientos perdidos en materia idiomática.

Se busca frío polar que alivie mi mente calurosa.

Se busca distracción masculina.

Se busca energía alternativa.

Se busca por buscar, casi sin ánimo de encontrar.

martes, 7 de junio de 2011

¡Maldita percepción!

Y allí se encontraba ella. Postrada en la cama, mirando las hojas sin percibir nada.

Su sistema de recepción visual se concentraba en aquellas líneas azules, negras y grises que formaban las letras, pero el cerebro, obviando el natural proceso perceptivo, jugueteaba con la imaginación. La concentración, sufriendo un repentino ataque de celos, marchó lejos dejando a su dueña en un abismo de desánimo y turbación.

El desasosiego ocupó el lugar de la concentración mientras cerebro e imaginación persistían en su coqueteo, un flirteo que le costaría caro.

Y allí continuó ella. Postrada en la cama, mirando las hojas sin percibir nada.

miércoles, 1 de junio de 2011

Los peligros del aburrimiento

Hoy los fuertes brazos del aburrimiento me aplastaban el espíritu emprendedor y positivo que me caracteriza (nótese la ironía). Tal era el desasosiego que me invadía que, en busca de un alma amiga con la que compartir y olvidar mis pesares, he decido dejar de buscar petróleo en mi nariz y conectarme a todas las redes sociales a las cuales estoy suscrita. Nadie ha respondido a mi llamada interactiva.

A causa de este devastador fracaso en el arte de conseguir amigos, una idea incendiaria ha surcado mi mente: Si ninguna de mis redes virtuales y sociales me sirven de desahogo, me haré twitter.

He abierto con cierto miedo una nueva pestaña en el Mozilla y mis dedos han tecleado las temibles letras: T- W- I- T- T- E- R. Mi dedo anular, poseído por la rutina, ha presionado Enter sin pensárselo dos veces. Ante mi aparecía esta nueva red social que a todos tiene embrujados. Iba a ser la próxima. Lo sabía, y nada podía hacer para impedirlo.

De repente, el maravilloso sonido de un mensaje inunda de alegría mis oídos. A continuación, otro; luego, otro más. No era ni una ni dos, sino tres las personas que requerían de mi conversación. Era una señal. Fuerzas poderosas no querían que me viera envuelta en una red social más. Así pues, he cerrado la pestaña y el peligro ha pasado.