domingo, 18 de noviembre de 2012

¿Horror y/o placer?


Tras algunas reflexivas lecturas de críticas literarias que pululan por Internet, he decidió lanzarme a la piscina y, con mucho morro y poca experiencia en el arte del análisis novelístico, hacer una muy subjetiva crítica del último libro que ha caído en mis manos. Se trata de un libro del que muchos y muchas (sobretodo muchas) habréis oído hablar: Cincuenta sombras de Grey. Para los que no hayan tenido el placer (y nunca mejor dicho…), os pongo en contexto: Cincuenta sombras de Grey es el primer libro de una trilogía erótica que nos narra la historia de Anastacia Steele, una universitaria que, tras conocer a un joven multimillonario con unas prácticas sexuales de lo más peculiares, empieza una lucha interna entre aquello que considera correcto y aquello que raya la ignominia.

Desde una perspectiva general, y como signo de mi ya conocida bipolaridad, no sabría deciros si el libro me ha encantado u horrorizado hasta extremos impensables. En una contienda parecida a la de la protagonista, me debato entre el espanto producido con la narración de escenas excesivamente depravadas y la sorprendente rapidez con la que he devorado el libro (3 días), la cual puede parecer el resultado de cierto gusto por este tipo de lecturas.

Cincuenta sombras de Grey no es una novela erótica corriente. Insisto, hablo desde la más profunda ignorancia en erotismo y concupiscencia; pero siempre he pensado en lo erótico desde una visión más sexualmente romántica. Por ejemplo, sería sensual o erótico comer fresas con chocolate en la bañera de casa, un masaje con lengua o las friegas con aceite corporal mientras suena una música lenta y acompasada a los propios movimientos del cuerpo. Por el contrario, y como único ejemplo que voy a nombrar, pues tampoco quiero desvelar el misterio para aquellos que no hayan leído el libro, estarían visiblemente alejados de lo que entiendo como placer erótico los azotes con fusta en la zona sexual. Es por ello que añadiría al calificativo erótico con el que publicitan la trilogía otro más acorde con algunas bestialidades que narra.

Además, en Cincuenta sombras de Grey se trata el tema de la sumisión desde un punto de vista sexual (como no). Creo que el siguiente vídeo lo explica a la perfección:



Dejando a un lado mi fascinación por la masculina y atrayente voz que dobla de forma tan seductora este vídeo (hagámosle la ola al realizador del casting por su buen ojo/oído) y centrándonos en aquello que dice y no en cómo lo dice, me pregunto cómo es posible que ser esclavo o sumiso de alguien pueda provocarte deleite alguno. El caso contrario, ser tú el amo y señor, podría comprenderlo (que no aceptarlo) ya que de todos es sabido que el poder siempre produce cierta satisfacción. Pero, ¿qué problema mental puede llevar a una persona a ser tratada de forma vejatoria y disfrutar con ello? Y peor aún, ¡¿qué diablos le ocurre a alguien que lee historias así y encima le gustan?! Porque E.L. James, la autora de Cincuenta sombras de Grey, ha vendido 20 millones de ejemplares hasta la fecha.
¿En qué sociedad depravada vivimos?

A raíz de esta trilogía con tintes sadomasoquistas, se han llegado a producir divorcios por la negación de la pareja en la puesta en práctica de algunas de las escenas violentamente sexuales que narra el libro. Es el caso de una mujer inglesa que pidió el divorcio a su marido porque éste se negó a asfixiarla para alargarle el orgasmo. Perdonad la vulgar expresión pero ¿¡ESTAMOS LOCOS O QUÉ!?

Con esto no quiero menospreciar la calidad del libro (ya he dicho antes que no puedo adjudicarle plaza en la estantería de favoritos ni tampoco quemarlo en la hoguera). Cincuenta sombras de Grey tiene escenas muy bestiales, aunque también es cierto que, dejando a un lado los momentos de vicio degradante, tiene su mensaje: la lucha interminable de toda persona por dilucidar entre lo correcto y lo inadecuado, cuyos límites en muchas ocasiones se desdibujan fundiéndose en una maraña incoherente, contradictoria e ilógica. Además, hay que reconocer que leer Cincuenta sombras de Grey es mucho más educativo que ver una película porno, al menos aprendes ortografía, gramática y, por qué no, vocabulario especializado.

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