Tras algunas reflexivas lecturas
de críticas literarias que pululan por Internet, he decidió lanzarme a la
piscina y, con mucho morro y poca experiencia en el arte del análisis
novelístico, hacer una muy subjetiva crítica del último libro que ha caído en
mis manos. Se trata de un libro del que muchos y muchas (sobretodo muchas)
habréis oído hablar: Cincuenta sombras de
Grey. Para los que no hayan tenido el placer (y nunca mejor dicho…), os
pongo en contexto: Cincuenta sombras de
Grey es el primer libro de una trilogía erótica que nos narra la historia
de Anastacia Steele, una universitaria que, tras conocer a un joven
multimillonario con unas prácticas sexuales de lo más peculiares, empieza una
lucha interna entre aquello que considera correcto y aquello que raya la
ignominia.
Desde una perspectiva general, y
como signo de mi ya conocida bipolaridad, no sabría deciros si el libro me ha
encantado u horrorizado hasta extremos impensables. En una contienda parecida a
la de la protagonista, me debato entre el espanto producido con la narración de
escenas excesivamente depravadas y la sorprendente rapidez con la que he
devorado el libro (3 días), la cual puede parecer el resultado de cierto gusto
por este tipo de lecturas.
Cincuenta sombras de Grey no es una novela erótica corriente.
Insisto, hablo desde la más profunda ignorancia en erotismo y concupiscencia;
pero siempre he pensado en lo erótico desde una visión más sexualmente
romántica. Por ejemplo, sería sensual o erótico comer fresas con chocolate en
la bañera de casa, un masaje con lengua o las friegas con aceite corporal
mientras suena una música lenta y acompasada a los propios movimientos del
cuerpo. Por el contrario, y como único ejemplo que voy a nombrar, pues tampoco
quiero desvelar el misterio para aquellos que no hayan leído el libro, estarían
visiblemente alejados de lo que entiendo como placer erótico los azotes con
fusta en la zona sexual. Es por ello que añadiría al calificativo erótico con
el que publicitan la trilogía otro más acorde con algunas bestialidades que narra.
Además, en Cincuenta sombras de Grey se trata el tema de la sumisión desde un
punto de vista sexual (como no). Creo que el siguiente vídeo lo explica a la
perfección:
Dejando a un lado mi fascinación por
la masculina y atrayente voz que dobla de forma tan seductora este vídeo
(hagámosle la ola al realizador del casting por su buen ojo/oído) y
centrándonos en aquello que dice y no en cómo lo dice, me pregunto cómo es
posible que ser esclavo o sumiso de alguien pueda provocarte deleite alguno. El
caso contrario, ser tú el amo y señor, podría comprenderlo (que no aceptarlo)
ya que de todos es sabido que el poder siempre produce cierta satisfacción.
Pero, ¿qué problema mental puede llevar a una persona a ser tratada de forma
vejatoria y disfrutar con ello? Y peor aún, ¡¿qué diablos le ocurre a alguien
que lee historias así y encima le gustan?! Porque E.L. James, la autora de Cincuenta sombras de Grey, ha vendido 20 millones de ejemplares hasta la fecha.
¿En qué sociedad depravada
vivimos?
A raíz de esta trilogía con
tintes sadomasoquistas, se han llegado a producir divorcios por la negación de la
pareja en la puesta en práctica de algunas de las escenas violentamente
sexuales que narra el libro. Es el caso de una mujer inglesa que pidió el divorcio a su marido porque éste se negó a asfixiarla para alargarle el orgasmo.
Perdonad la vulgar expresión pero ¿¡ESTAMOS LOCOS O QUÉ!?
Con esto no quiero menospreciar
la calidad del libro (ya he dicho antes que no puedo adjudicarle plaza en la
estantería de favoritos ni tampoco quemarlo en la hoguera). Cincuenta sombras de Grey tiene escenas
muy bestiales, aunque también es cierto que, dejando a un lado los momentos de
vicio degradante, tiene su mensaje: la lucha interminable de toda persona por
dilucidar entre lo correcto y lo inadecuado, cuyos límites en muchas ocasiones
se desdibujan fundiéndose en una maraña incoherente, contradictoria e ilógica.
Además, hay que reconocer que leer Cincuenta
sombras de Grey es mucho más educativo que ver una película porno, al menos
aprendes ortografía, gramática y, por qué no, vocabulario especializado.
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