Dentro de menos tiempo del que pensamos, existirán reuniones de redsocialadictos anónimos que se reunirán vía skype o a través de un evento del facebook para comentar lo sometidos que se encuentran a este tipo de redes sociales. Abrirán el Twitter y escribirán: “Hola, soy Paco y llevaba cinco minutos sin conectarme, hasta ahora”, y la gente retweeteará su tweet. Se ve venir, al menos yo lo veo venir.
Llamadme exagerada, puede que lo sea, pero mires donde mires, leas lo que leas, hables como hables, siempre hay un móvil, un ordenador u otro bicho tecnológico internetizado de por medio.
Hoy por hoy, si quieres saber de la vida de tus amigos tienes que tener Tuenti, si quieres conseguir trabajo, tienes que tener Emagister, si quieres ser buen estudiante y contribuir en trabajos en grupo ¡tienes que tener facebook! Pero, ¡¿dónde estamos yendo a parar?! ¿Dónde han quedado las conversaciones cara a cara, cuello a cuello, ombligo a ombligo, pene a…? Bueno, ya me entendéis.
No me quejo de las redes sociales, tienen sus ventajas, me lamento del uso que les damos. Dicen que ahora con las redes sociales sociabilizamos más. ¡Já! Y un cuerno. En las redes sociales puedes agregar a tres tipos de personas: amigos/familiares, conocidos o desconocidos. A los amigos y familiares, con suerte, los ves todos los días, no hace falta sociabilizar más con ellos. Aunque sí es cierto que (y esto está basado en hechos verídicos) a veces para que te hagan caso mientras estáis tomando un helado en la cafetería de tu pueblo tienes que enviarles un Whatsapp (o como carajo se escriba eso). Pero esto es ya otra historia…
Luego, llegan los conocidos. Ese amplio grupo de personas que has visto alguna vez andando por la calle, pero que nunca has hablado con ellos, porque NO LOS CONOCES. Y ahora, lo encuentras en facebook y lo agregas y… ya está. No hablas con él porque nunca has hablado con él antes y nunca lo harás, no hay confianza. Y te preguntas: “¿por qué lo habré agregado?”. Pero es una pregunta sin respuesta que flota en el aire y poco a poco desaparece hasta llegar el momento en el que vuelves a encontrarte con otro “conocido” y un impulso misterioso, aunque ya frecuente, te invade y vuelves a clickear el “agregar como amigo”. Es la magia de la red social. De aquí a Harry Potter, un paso.
Y finalmente quedan los desconocidos. Agregar gente desconocida, así porque sí. Bueno, allá uno mismo con su organismo.
El hecho es que toda esta ola informática que son las redes sociales es un engaño, no sociabilizas, tan solo abres las puertas de tu privacidad a todo aquel que quiere mirar dentro. ¿Le contarías tu día a día al hijo del vecino de la panadera que trabaja al lado de casa de tu abuelo? Si tu respuesta es sí, hazte de todas las redes sociales que encuentres. Si tu respuesta es no, tan solo te pido una cosa: replantéate qué estás haciendo con tu intimidad.
Bueno, lo dejo aquí que esta mañana el cartero me ha saludado con la cabeza, voy a ver si lo encuentro por Facebook y le envío una petición de amistad.
¡Que vivan los antifacebook!
ResponderEliminarOye, es muy buena la idea esa de una terapia de redsocialadictos hecha en el puto facebook. Yo habría tirado por ahí. Sale una historia guapa ahí. Imagínatelo. Lo que más ayuda de esas reuniones es el aplauso y los ánimos que te da el grupo cuando dices que llevas X días sin consumir (o follar, beber, etc). En este caso, los aplausos sería un estado mental en la mente del adicto. En el momento en que se conectara comenzarían los abucheos de la otra gente (también adicta). Sería como organizar una reunión de alcohólicos anónimos en una piscina de ginebra. Ir es fracasar. Qué interesante, ¿no? Como no lo escribas tú lo escribo yo.
Jajaja Tomo nota. Voy a tener que acostumbrarme a esto de escribir por encargo...
ResponderEliminarSin ir más lejos, hoy he conocido a una muchacha polaca (bueno, no la he conocido hoy, pero hoy he sabido el dato) que afirma tener nada más y nada menos que 800 (¡o!-¡cho!-¡cien!-¡tos!) amigos en Facebook.
ResponderEliminarLa única que tiene ochocientos amigos en la vida real, creo yo, es Paris Hilton, o sea que pa mí que la polaca esta se estaba tirando el pisto...
¡Saludos alemanes!