Existen días felices y días que no lo son tanto. Bien pensado, es mejor hablar de momentos. Porque un día es una medida de tiempo demasiado grande para clasificar; un día tiene muchos momentos y no todos se desarrollan igual. Por tanto, tenemos, por un lado, momentos felices, y, por otro, momentos que no lo son tanto.
Ahora, en este mismo instante en el que mis dedos aporrean las teclas de este maltrecho portátil, no es un buen momento. Pero antes viví grandes momentos. De esos momentos que nunca se olvidan, esos instantes de tu vida que, después de ocurrir, te dan la certeza de que vale la pena sufrir mil desamparados momentos para llegar a ese clímax momentáneo. Ese día, ese instante, ese momento que alivia la anterior desazón vivida y que te socorre en posteriores momentos no tan dichosos. Pero, ¿y si no es así? ¿Qué ocurre cuando esos pocos momentos de felicidad no compensan? ¿Qué ocurre cuando los momentos lúgubres se multiplican por centenares mientras los ufanos momentos se reducen a cifras minúsculas? ¿Qué ocurre cuando la distancia entre tan distintos momentos se alarga hasta parecer un simple sueño jamás encontrado?
No, definitivamente, no es un buen momento.
Aaahmiga, yo he reflexionado mucho (la mayoría de las veces borracho) sobre la expresión "merecer la pena". Las cosas que merecen la pena son aquellas que ejecutas, a sabiendas de que luego pueden reportar cierta tristeza o desánimo, pero en las que arriesgarse compensa. Es decir, que merecen ser intentadas aun pudiendo acabar en tragedia, en pena. Merecen la pena. La mayoría de las cosas buenas merecen la pena.
ResponderEliminarLos momentos no felices, por su parte, son indispensables para que existan los momentos felices. Si no existieran los bajones no existirían los subidones y si no existieran los momentos malos no existiría la felicidad. Por eso cuando los momentos lúgubres se multiplican por centenares mientras los ufanos momentos se reducen a cifras minúsculas, qué coño, sólo queda esperar a que, en algún momento (bueno o malo) todo cambie.
Esta inyección de filosofía vitalista la doy tirada de precio, de verdad, son sólo 50 euros.
jajaja Gracias por tu consejo tan altruista, amigo. Intentaré seguirlo a toda costa. Que tus momentos tristes no eclipsen los buenos!
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