lunes, 6 de diciembre de 2010

Zas! En toda la boca

La Navidad ya está aquí. Lo dicen en la tele y la tele nunca miente (léase en tono infantil mientras se juntan las puntas de ambos dedos índices entre sí y se abren desorbitadamente los ojos a la vez que se inclina ligeramente la cabeza hacia abajo. NOTA: Si casualmente alguien le estuviese mirando, disimule con un estornudo, nunca falla).

Además, que se nota, las calles se visten de luces multicolor, en las puertas de los grandes almacenes se agolpan mujeres (y algún que otro hombre perdido y asustado) esperando impacientes la llegada de las rebajas, pequeños Papás Noel buscan el suicidio intentando saltar de los balcones, la canción del Mercadona se ve desplazada por villancicos para decepción de los clientes…

Pero no todo es magia y felicidad en Navidad. En esta época llega aquello que has querido evitar durante todo el año: las reuniones familiares.

Esas comidas/cenas donde te reencuentras con gente a la que sólo ves una vez al año, y no digo que no sea bonito. Lo es. Solo lo importuna el inevitable momento embarazoso en el que tus familiares te rodean sigilosamente, cual ave rapiña al acecho de una presa fácil, y tu tío Paco (siempre hay un tío Paco) suelta la temida y esperada pregunta: “Bueno, y tú, el noviete ¿qué?”. “Zas! En toda la boca”, piensas.

Tristemente, ya son muchos años y, con la experiencia, una aprende a tener la situación controlada. “Es que le dije que venías y no quería verte”, respondes sonriendo amistosamente mientras notas como las puñaladas de tus primos y primas emparejados se clavan en tu espalda.

Dicha la broma, la velada continúa amigablemente. Pero la sombra de la duda ya está sembrada.

1 comentario:

  1. Cuanta razón llevas querida amiga. Aquellos que estamos solteros, o somos en término británico "singles" (que es una forma más suave de referirinos al echo pero que al fín y al cabo es lo mismito), si pensabamos que ibamos a obtener apoyo por parte de nuestras familias, la llevamos clara.

    La Navidad es la época de las temibles comilonas que dejan huella física y psicológica en tu cabeza, ya que por si no fuera suficiente con ganar un par de quilos (que luego te llevan de cabeza todo el año) es el momento en que la familia se reune por completo. Ello significa que como buenos observadores que son, al no ver ninguna cara desconocida sentada a tu lado, de repente sienten una terrible curiosidad de saber porque motivo no estás acompañada en tan señaladas fechas. (No se preocupan por tí en todo el año, y justo en ese momento se les enciende la bombilla en la cabeza y preguntan algo trascendental a su entender: "Niña, ¿donde te has dejado el noviete?"; y variantes)

    Las respuestas a tan temible pregunta acostumbran a ser cortas e inconcretas, intentando siempre que el tema de conversación se desvie hacia otros caminos en los que los solteros se sientan más seguros ("¿Un noviete? Esque yo tengo tres y no me apetece que coincidan en la misma mesa", ¿Novio?, ¡quita, quita, con lo tranquila que estoy yo sin que nadie me controle!"; etc).

    Pero claro, ese órgano que tenemos en las alturas (me refiero por supuesto al cerebro), en lugar de estar feliz por haber salido sin apenas rasguños de la embestida, empieza a boicotearse a sí mismo, haciendonos dudar de nuestras capacidades para encontrar a esa pareja que buscamos, llegando a recrearte la existencia de un futuro en el cual estarás más sólo que la una.

    Llegados a este punto hay que hacer referencia también al miedo que sentimos todos los "singles" de ser los únicos del grupo de amigos que estemos solteros. Si hasta el momento todos salíais en busca y captura de presas, ahora te has qudado más sólo que la una, resumiendo que te acompañará tu sombra a buscar pareja (es muy diferente salir con amigos que tienen pareja, a salir con los que no, a no ser que seas un Barney Steanson y tu moral esté por la estratosfera).

    Y digo yo, ¿por qué esa obsesión por tener pareja?, conozco a bastante gente que están con alguien por el echo de estar con alguien, no porque de verdad amen a aquel que tienen al lado. Tachenme de cursi o de romántica, pero prefiero estar sola a hacerle daño a otra persona que de verdad me quiera, porque eso es engañarse a uno mismo y a la persona que no está fingiendo en la relación.

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