Hoy tocaba escribir. ¿De qué? De todo, y de nada. Porque había un todo que contar, pero un todo que se convierte en nada en un suspiro, que se desvanece sin posibilidad de retorno. Una lágrima al borde de una mejilla sin nombre, asustada por la claridad con la que ve su fin. Un sentimiento de desasosiego que invade un interior apesadumbrando al sujeto con el que convive. Un mar de palabras que buscan sentido, un sentido que quizá ni siquiera exista.
"No son más que palabras", me repito. Vocablos sin compromiso.
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