jueves, 24 de enero de 2013

La historia de una abejita cobarde


Érase una vez una abejita, digamos, un tanto peculiar. En apariencia, esta abejita no se diferenciaba de otras abejitas. Su cuerpo velludo de pelos plumosos vestía una piel a rayas amarillas y negras como la de cualquier otra. Bueno, quizás su tono amarillo lucía un poco apagado para su edad, pero era algo bastante común entre las abejitas de aquellos tiempos. Así que, a simple vista, nada distinguía a aquella abejita del resto.

Pero aquella abejita se sabía diferente. Aquella abejita era una cobarde. De pequeñas, todas las abejitas, que para entonces eran llamadas larvas, se amedrentaban ante la sola idea de salir de su plácido hogar. El néctar que sus madres abejas les proporcionaban era suficiente para subsistir de manera ufana y sin preocupaciones. Pero llegaba la época en la que las larvas se convertían en abejitas y luego estas abejitas en abejas hechas y derechas. Y esa época se presentó de repente. Todas sus amigas abejitas, aquellas con quienes había compartido platos de néctar sentadas al borde del panal, mirando los vastos paisajes que se alzaban ante sus antenas, suspirando por el zángano de turno, riendo y pensando, de vez en cuando, en el día en que clavarían su aguijón, todas ellas desplegaron sus alas y alzaron el vuelo. Cada día, una nueva abejita se separaba de la colonia y se adentraba en el mundo de las abejas hechas y derechas. Todas menos nuestra abejita cobarde.

En la escuela, había sido una abejita aplicada. Sabía los derechos y deberes de las abejas, podía nombrar de carrerilla los nombres de todas las reinas que habían gobernado en su colonia, recordaba las propiedades del polen y del néctar, así como las de otros alimentos. También había estudiado el mecanismo del panal, memorizando las funciones de cada abeja obrera. Pero a la hora de elegir especialidad, esta abejita cobarde, inmadura y descuidada o quizás tan solo sobrevenida por una ingenua esperanza, erró en su elección. Mientras otras abejitas eligieron caminos prácticos y con futuro, tales como Grado Medio en Extracción de Polen o Grado Superior en Construcción de enjambres, nuestra abejita cobarde se decantó por una especialidad con un título muy atractivo a la vez que, como descubriría más tarde, contraproducente.

Acabada la especialidad, con los estudios frescos, un par de consejos de la abeja reina y la vitalidad que acompañaba la circunstancia, era el momento de lanzarse al mundo y convertirse en abejas hechas y derechas. Pero la abejita cobarde no se atrevía. La desafortunada elección de especialidad y su consiguiente falta de experiencia en temas ex coloniales la habían consumido en un mar de miedo y ansiedad. El mundo era tan grande y ella tan inexperta… ¿Qué podía hacer? No sabía cómo recolectar, no sabía cómo reconstruir panales, no sabía nada. Era una abejita inútil, muy lejos de convertirse en una abeja hecha y derecha.

Y la abejita cobarde pasaba los días, sentada en el borde inferior del pentágono que formaba su panal, viendo cómo sus amigas abejitas, ahora abejas hechas y derechas, se ganaban el néctar de cada día a base de esfuerzo y dedicación. De vez en cuando, alguna de sus amigas abejitas la veía y se paraba a saludar. Charlaban durante un ratito, pero pronto las abejas hechas y derechas volvían al trabajo y la abejita cobarde continuaba sentada, viéndolas pasar.

Un día, hastiada de aquella monótona rutina, la abejita cobarde se administró un par de chutes de valentía, metió un par de huevos en su petate, cogió carrerilla y salió zumbando por el hueco del panal perdiéndose en el horizonte.

Nunca más se supo de aquella abejita que por tanto años había sido cobarde. Puede que se convirtiera en una abeja hecha y derecha y viviese en una acomodada colonia con un par de zánganos produciéndole miel, o quizás sus alas, engarrotadas por la falta de práctica, cedieron ante la presión y la arrojaron hacia el suelo en una estrepitosa caída que le produjo un impacto de muerte instantánea. 

2 comentarios:

  1. Bonita historia, pero yo digo que todo ser vivo tiene una función en esta vida aunque se como mal ejemplo...

    Saludos

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  2. Una opinión tan válida como otra cualquiera. Gracias por comentar.
    Otro saludo para ti.

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