domingo, 20 de marzo de 2011

Llamémoslo pequeña crisis existencial

¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos?
¿Por qué vamos? Y, ¿por qué venimos?

Y allí se encontraba. Sentada en la última fila de un viejo autobús, escribiendo todo aquello que se le ocurría. Siguiendo los consejos que le dio un día alguien cuyo nombre no recordaba. Escribió sobre cómo se sentía para descubrir por qué se sentía de aquella manera. Habló de su pasado, su presente y sobre un posible futuro. Escribió sobre sí misma, sobre los de su alrededor. Pensó en su familia, en sus amigos, en el hombre sentado delante de ella.

Y escribiendo, escribiendo, empezó a sentirse más ligera. El peso que guardaba en su interior iba disminuyendo sorprendentemente.

No había desaparecido por completo. Hubiera sido demasiado increíble si hubiese sido así. Pero ahora, tras escribirlo, se sentía mucho mejor. Dentro de la oscuridad, antes total, atisbaba cierta luz a lo lejos que se acercaba con timidez, pero también con decisión.

No lo había hablado con nadie, tan solo lo estaba escribiendo detrás de las hojas de apuntes de clase donde probablemente nadie miraría. Ella tampoco se lo enseñaría a nadie. Pero, aunque parezca que no, había dado un gran paso. Ahora era capaz de escribirlo, quizás no fuera lo mismo, pero al menos era capaz de extraer de su interior sus pensamientos y sentimientos más profundos y observarlos desde fuera, de manera global y objetiva. Al menos de momento.

1 comentario:

  1. ¿Debo entender con ello que has encontrado tu yo interior? Ñej, qué envidieja (una ferviente lectora)

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