martes, 14 de septiembre de 2010

Origen

Nadie conoce totalmente a alguien, ni siquiera uno mismo se conoce al milímetro.

La última película de Chris Nolan, ‘Origen’, nos da a entender que es posible un mundo en el que las personas podamos adentrarnos en el inconsciente de los demás, descubriendo así los secretos más ocultos, incluso aquellos que el sujeto en cuestión desconoce. Pero si el único momento en el que se es libre e incólume por completo para reconocerse es el estado de la inconsciencia, esta afirmación debería ser válida tanto para el invadido como para el invasor. Uno nunca es uno mismo, ni siquiera en el mundo onírico de otros. Existen influencias externas que manipulan nuestro comportamiento, por ello, aunque invadamos el inconsciente de alguien con el fin de ver cómo es esa persona de forma intacta e inalterada, las conclusiones que saquemos seguirán sin ser 100% exactas puesto que al no estar nosotros, sujetos invasores, en estado de inconsciencia, seguirá una parte de nosotros siendo impura. Y puede ser esa parte la que nos haga malinterpretar aquello que puramente estamos viendo.

De “Origen” extraemos que la única forma de conocer es la inconsciencia. Y digo yo, si nos adentramos en la inconsciencia de alguien estando nosotros también inconscientes, llegaremos a conocerla, pero sólo durante el breve instante que dure nuestra intrusión, puesto que al volver a la consciencia, ésta ya no recordará lo que su inconsciente descubrió.

Así pues, para concluir intentando ordenar este maremágnum de pensamientos metafísicos, y citando un sabio proverbio de Hemingway, tan solo sentenciar que “conocer a un hombre y conocer lo que tiene dentro de la cabeza, son asuntos distintos”.



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